Tres componentes que siempre están presentes en este deseo natural de felicidad: tener claro mi norte en la vida, tener la firme certeza de llegar a mi fin y crecer como amado amante.
Hablo de emociones, que no es un mero sentimiento superficial. Es un sentimiento que ha pasado, en un viaje de ida y vuelta, por la inteligencia y la voluntad, por la búsqueda de la verdad y el camino hacia el bien.
El matrimonio es algo que va más allá, más a fondo. Una realidad nueva en la que los cónyuges no están unidos sino son uno, una sola carne, una nueva y única creación
"Sea tu palabra sí sí, no no. Lo que de ahí pasa, del mal procede". No cito un mero criterio evangélico, se trata también de una criba para nuestras promesas y su duración, duradera en el tiempo, o variable ante el primer soplo de aire.
El cristianismo no es un conjunto de ideas y creencias, una moral, una ideología. Es, como le gusta recalcar a Benedicto XVI, un acontecimiento, un encuentro, un suceso real y concreto, aquí y ahora.