En este aparente "continuo retorno del mal", la Iglesia nos invita: "No nos cansemos de hacer el bien, porque, si no desfallecemos, cosecharemos los frutos a su debido tiempo.
Gracias a la vulnerabilidad nos damos cuenta de que la dignidad del ser humano va más allá de la posesión de ciertas capacidades o de la realización de ciertas actividades.