Pasamos muchas horas en la oficina, pero hay que saber trabajar. El Principito, el barrendero de Momo, el jugador de ping pong, una antena o una vela en la oscuridad nos dan interesantes lecciones sobre cómo vivir mejor.
El deseo, por sí mismo, no justifica el derecho a alcanzar aquello que anhelo. La realidad es tozuda, más de lo que nos gustaría, y no sigue la variabilidad de mis deseos.
Tanto relativismo, sociopolítico en su parte más llamativa, y tanto hablar de consenso me parecen peligrosos. Todo puede cambiar si algunas personas deciden que cambie.
¿Qué hay entre estos dos momentos, estas dos imágenes, tan contradictorias pero a la vez demasiado frecuentes en nuestra sociedad actual? ¿Son tan distintos unos y otros?
Me aventuro a pensar que en nuestra sociedad se ha impuesto un concepto curioso de libertad: puedo hacer lo que sea, cualquier cosa, con tal de que no haga daño a los demás.
Al enamorado le afecta la enamorada, le "golpea", pero a la vez está fuera de él, no la puede controlar, es otro sujeto libre al que ama, pero no puede dominar ni someter.