Gracias a la vulnerabilidad nos damos cuenta de que la dignidad del ser humano va más allá de la posesión de ciertas capacidades o de la realización de ciertas actividades.
"Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes"